22 mar. 2010

Mujeres que corren con los lobos

La verdad es que hace tiempo que me faltan palabras. La autoexigencia las empuja y las hunde en lo más hondo de mis entrañas, que están preocupadas en mantener un perfil que no se corresponde con la realidad, en mantener el listón en su sitio. Y la altura del listón, qué te voy a contar...
Aunque sea mentira y a nadie le importe. Mantener la compostura.

Lamentablemente, la mierda de siempre. Que a veces parece que se va y otras veces parece que vuelve con más fuerza... aunque siempre esté ahí, flotando entre todo lo demás.
Me mantiene absorta en pequeñeces y me ausenta de lo realmente importante.
Mis propios ojos miran con miedo a mis sueños y temen a lo que más deseo en este mundo.

Pero no es cierto. Me temen a mí, ante todo.
Libertad.
Siempre será poco. Siempre será mucho.

Por eso busco mis palabras en otras bocas, en otros labios:

"Es la que protesta a voces contra la injusticia. Es la que gira como una inmensa rueda. Es la hacedora de ciclos. Es aquella por cuya búsqueda dejamos nuestro hogar. Es el hogar al que regresamos. Es la lodosa raíz de todas las mujeres. Es todas las cosas que nos inducen a seguir adelante cuando pensamos que estamos acabadas. Es la incubadora de las pequeñas ideas sin pulir y de los pactos. Es la mente que nos piensa; nosotras somos los pensamientos que ella piensa".
("Mujeres que corren con los lobos" de Clarissa Pinkola Estés)

Demasiadas pequeñas (y gigantescas) ideas sin pulir.
Poco a poco, supongo.